El Año del Desierto es una metáfora extensa de nuestra historia nacional contada al revés
El Año del Desierto es una novela, entre otras cosas. También es una crónica solvente sobre la capacidad multidimensional de destrucción de una distopía.
Su autor, Pedro Mairal , se molesta casi nada en evitar las reminiscencias con los hechos de diciembre de 2001 en el primer capítulo, poco después la propuesta -muy determinante en esa correspondencia entre metáfora y realidad histórica argentina- avanza al revés, como si alguien hubiese apretado el botón de retroceder. Mairal arrastra de un brazo a su protagonista por la historia argentina en un brutal retroceso temporal sin moverse de la cuadratura de una trama narrada siempre en tiempo actual.
La historia es de vigencia efectiva, pero lo propuesta es contarla al revés, desde la civilización hacia la barbarie, en pleno siglo XXI; desde la urbanización plena a la vuelta de algo parecido ¿a qué?… ¿al siglo XV y sus colonizadores y colonizadxs? ¿al siglo XVI y la fundación de Buenos Aires? ¿la Campaña al Desierto con su mitrismo y malones? Todo podría ser, pero aquí está claro como el autor se afana en contar la historia dada vuelta, de la cómoda civilidad al desierto bramante. O sea, un tipo agarra el ovillo del tiempo rioplatense y lo enrolla en sentido inverso para escribir una novela.
María Valdés Neylan es la protagonista. Porteña, muy joven, presuntamente hermosa, secretaria de uno de los dueños de una financiera del microcentro de Buenos Aires, el cliché de chica blanca-hegemónica-urbana-clase media, incluido lo del novio en moto-rebelde-antisistema. Al momento del primer capítulo, la provincia de Buenos Aires está siendo tomada por la Intemperie que parece ser algún tipo de catástrofe que se sostendrá durante todo el libro como un enigma. Nunca se sabe qué es la Intemperie, un fenómeno natural, sobrenatural, alienígena; pero sus efectos son clarísimos e impactantes: la Intemperie es la amenaza inminente, pero la destrucción sin precedentes la desatan los hombres y mujeres desde el minuto 0 de la novela tratando de escapar de ella.
La guerra civil ante el pánico es inevitable, lxs habitantes de la provincia migran masivamente huyendo de la Intemperie rumbo a la Capital, mientras lxs porteñxs tratarán de resistir la invasión poniendo en evidencia los persistentes odios clasistas, raciales y políticos adelante del todo. De todas maneras la historia es tan asfixiante que no deja espacio para detenerse en esto. Intentando sobrevivir, no hay tiempo ni ganas de comportamientos altruistas para nadie y eso es aceptado rápidamente por quien lee.
Pedro Mairal cuenta en varias entrevistas que dedicó meses de su vida a leer libros de urbanización e historia de la arquitectura para asimilar las etapas de progreso edilicio de lo que hoy es CABA. Con ese material en su cabeza va de adelante hacia atrás sin dejar nada, absolutamente nada olvidado. La metamorfosis de la pampa húmeda es total: la infraestructura, las industrias, los roles sociales, las instituciones, los puestos de trabajo, la política, todo va cayendo como pianos mientras la naturaleza menos fotografiable avanza por entre los cables, el asfalto, las paredes y vigas.
María pierde trabajo, novio, padre, casa, mientras su ciudad también va siendo paulatinamente tragada por aquello que fue antes, mucho antes: desierto. Será enfermera improvisada, empleada doméstica en un inquilinato horrible, prostituta, cautiva de hordas de salvajes. Todo esto en escenarios cada vez más crudos: no hay luz eléctrica, ni autos, ni remedios, ni comida procesada ni artículos textiles. El autor no le tiene piedad, la protagonista va renunciando a todo derecho a sentirse humana salvo el dolor físico y algo parecido a la porfía de mantenerse viva por las dudas.
Ni María ni el resto de los personajes pueden conceptualizar lo que les está pasando, lo aceptan con una mezcla de sumisión y fatalismo sin saber qué es, por qué, hasta cuándo. Lxs lectores sabemos todo, ellxs nada, mientras el país pierde toda compostura cosmopolita occidental.
La mayoría de las reseñas que se han hecho de El Año del Desierto concluyen en que se trata de una aplastante metáfora del ser nacional, con su ADN intacto a lo largo de 200 años. Doscientos años y su vaivén entre la aniquilación y el alumbramiento , asunto de disputa siempre entre los mismos dos grupos.
Pero hoy sábado 25 de noviembre sólo pienso en reinterpretarla desde otra clave: cuando algo desbastador llega, llega para alcanzar todas las dimensiones de humanidad ¿Es zarparse de ingenuidad elegir pensar en la persistencia de la salvación, de alguna forma de salvación cuando la destrucción está en todo? ¿Me tendré que hacer cargo de una lectura pobre y ñoña…?
Probablemente; pero María, que es vos, yo y todxs, está incomprensiblemente viva al final de la novela. Lo único en lo que gana, en lo que alcanza una fortaleza superadora a la Intemperie y la deshumanización de su pueblo. Algo de ese desierto se amalgama con ella en una rebeldía salvaje que espera, espera tremendamente viva.

Amanda Corradini
Mujer de trincheras: Reparte su vida entre la trinchera de la Escuela Pública, la de su biblioteca y la que guarda algunas banderas que gusta agitar. Todo regado de mate dulce, Charly García y un vergonzoso apego por el humor infantil.
Notas de la autora

