¡Democracia! ¿Qué pretende usted de mí? 
Comunidad Trinchera Suscribite y apoyá el periodismo independiente

Demokratos: de origen Griego
Puede decirse que “democracia” significa literalmente “poder del pueblo".
Pero ¿Quienes - quien es el pueblo?

https://youtu.be/ujlKeHBocJo?si=Dx-m_Vj3XEwMvFIc

Considerando que las expresiones artísticas en cualquiera de sus formatos, tienen la virtud de adelantarse la mayoría de las veces a lo que posteriormente será estudiado y enmarcado por la ciencias sociales, el caso de Street Fighting Man, no es la excepción. Jagger mencionaba en una entrevista con Jann Wenner en 1995 para la revista Rolling Stone, que la inspiración para Street Fighting Man fueron los movimientos emergentes que marcaban la presencia activa de multitudes movilizadas, entre otras las revueltas en Estados Unidos contra la guerra de Vietnam y el Mayo Francés. Y aunque hay tantas interpretaciones de esta obra como gente en el mundo, elegimos utilizarla de cortina desde donde nos introduciremos a lo que hoy nos quita el sueño.

En 1968, los Rolling Stone, miraban a los estudiantes de París y sacudían al pueblo de Londres diciendo “ Cause in sleepy London Town. There's just no place for street fighting man”(En español algo así como: “Porque en la somnolienta ciudad de Londres. No hay lugar para el hombre que lucha en las calles"). En 2025 cabe preguntarnos: ¿Por qué está tan dormida Argentina, no hay acaso lugar para las luchas? ¿O será que nos corresponde empezar a preguntar, para saber hacia donde caminar?

Mientras la incertidumbre avanza, el rey garufa nos induce sin paliativo y así nos tienen, como diría el Indio “ sentados en bolas, wacheando la tele”, presos de presiones, indignaciones y tristes pasiones.

Hace un tiempo venimos entrando en un periodo de transición de difícil embestidura para el lenguaje de época. En los círculos académicos se dirime si el gobierno de Milei es o no democracia, si es un régimen autoritario o fascista. Si hay que pensar en imperialismos, en globalización o en tecno-feudalismos para darle un marco de comprensión más acabado. De un lado y del otro se interrogan racionalidades, se construyen argumentos desde la arrogancia y se manda a leer de Hayek a Keynes.

Nadie tiene respuestas y tampoco soy quien para aportar más luz a esta tormenta, vengo tan solo a lanzar otro cargamento de preguntas.

José Nun, en 2002 se preguntaba qué carajo era la Democracia, y lo hacía de la forma más humanamente posible. Se preguntaba por el origen del demos, y traía nuevamente a colación la pregunta entre el gobierno del pueblo o gobierno de los políticos.

Tanto las palabras demos como krátos , son vocablos ambiguos. La primera pregunta que nos podemos plantear es: ¿quién es “el pueblo”?. Y ante esto nos encontramos con que hay una ambigüedad de origen que se refleja en toda la historia del lenguaje político. Los griegos indicaban, bajo esas categorías o bien a la totalidad de los componentes de la comunidad política (es decir, sin mujeres, negros ni esclavos). O bien a la parte menos elevada de la población, es decir a aquellos considerados como la clase no-noble. Otra clara ambigüedad, se debe a que del pueblo como conjunto de los ciudadanos, pueden darse dos imágenes opuestas: la imagen de un cuerpo colectivo orgánico, del cual los individuos en particular son miembros; y la imagen de un conjunto, de la simple suma de todos los individuos como particulares, que tienen o que pretenden tener valor en cuanto tales. Ambas posturas; filosóficamente válidas y políticamente antagónicas, a juicio propio, son las discusiones parteras de los enfrentamientos del mundo.

La pregunta por la democracia en Argentina es por demás dificultosa. Nadie está dispuesto a cuestionarla como régimen preferible de gobernabilidad. Pero nadie puede definir con exactitud qué es la democracia, señalar sus límites, mentar su potestad o incluso leer en la Constitución algo más que un manual de instrucciones legales con obligaciones débiles y funciones acotadas. Decime a qué escuela jurídica perteneces y te diré que interpretas de la ley.

El ejercicio de cuestionar la democracia es demasiado costoso, tanto para aquellos que cargan la ceniza de una infancia marcada por dictaduras, como para aquellos que crecimos con democracias vigorizantes - a riesgo claro está, de darla como algo tan bien cimentado, que somos incapaces de cuestionar-. Es entonces, a priori , un ejercicio difícil de digerir ¿Puede ser posible que esta transición política a nivel global cambie los regímenes de gobernabilidad? ¿Puede ser posible que estemos llamando democracia a gobiernos que ya no lo son? A fin de cuentas ¿La democracia era solo votar?

En los años 20 del siglo pasado, había alrededor treintaicinco gobiernos constitucionalmente electos en el mundo, para finales de los años 30 del mismo siglo, los gobiernos democráticos se habían reducido a poco más que la mitad de los anteriormente mencionados, es decir, de treinta y pico, se pasó a alrededor de doce gobiernos democráticos. Para aquel entonces el historiador Hobsbawm decía pasada la guerra que “ _nadie predijo o esperaba que la democracia se revitalizará”. _

No quiero con esto, caer en pesimismos atolondrados ni hacer diagnósticos de defunción, que corresponden a videntes y especuladores. Pretendo únicamente invitar a la pregunta, ¿y si nadie predijo o esperaba el agotamiento de este sistema político? ¿Estamos dispuestos a morir por la democracia, o lo que creo aún más complejo, estamos dispuestos a discutirla?

Hay que pensar en los dinamismos de los ciclos políticos, al lado de las transformaciones de los modelos de gobierno. Se necesita urgentemente discutir la democracia, no solamente para saber hacia dónde se quiere ir, sino también para tener la capacidad de discutir los límites de la misma.

Defenderla por el mero hecho de la defensa, es dejar en manos de aquellos que no tienen prácticas democráticas, el beneficio del acotado margen de acción dentro de las reglas de juego democrático, cuando claramente, hay un sector que no tiene pudor ni inconvenientes en transgredirlo.

Pero para ello, nos debemos una discusión honesta y profunda en torno a qué nos referimos cuando hablamos de democracia. ¿Cuáles son sus objetivos, cuál es el modelo de país que representa y cuáles son sus límites? ¿Somos capaces de repensar nuevos horizontes de deseabilidad y construir bisagras que den lugar al surgimiento de un nuevo escenario político?

Discutir la democracia es también discutir la justicia social, los criterios de igualdad y los modelos económicos que rigen las estructuras de distribución de capital. En un mundo que profundiza cada día más sus desigualdades, donde cinco individuos se llevan grandes porcentajes de la riqueza mundial y se desgarran las solidaridades intraclases, profundizando los criterios de diferenciación entre clases medias y bajas. Donde los sistemas de salud se desbordan, donde la educación no da abasto y donde la rivalidad se construye entre pares. En un mundo que es cada día más hostil y más violento.

Es inminente que juntemos el guante antes de acusar a adversarios de locos e irracionales, en tiempo donde la transgresión y el corrimiento de los límites de posibilidad pareciera un ejercicio exclusivo de las derechas, insisto en preguntar: ¿Qué es la democracia? ¿Qué estamos dispuestos a hacer por ella? ¿Somos capaces de cuestionarla? ¿Somos capaces de pensar por fuera de los márgenes establecidos? ¿Seremos capaces de defenderla?

Manu Bertola

Hija y nieta de la historia de nuestro pueblo. Estudiante de sociología. Nacida y criada en la ciudad donde las diagonales tocan el sol.

Más notas de la autora

Más notas de Manu Bertola

Cargando...