Las páginas que nos unen: 23 de abril
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Un libro es un regalo que puedes abrir una y otra vez

~ Garrison Keillor

El Día Internacional del Libro fue establecido por la UNESCO en 1995, durante la Conferencia General celebrada en París. El 23 de abril fue seleccionado por la coincidencia del fallecimiento de dos grandes figuras de la literatura universal. Miguel Cervantes, autor de la obra El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha(1605) y William Shakespeare, autor de títulos como Romeo y Julieta(1597).

Mucho más que una efeméride

El propósito de esta fecha es claro: fomentar la lectura, sostener la industria editorial y proteger los derechos de autor. El 23 de abril no es solo una fecha en el calendario literario, es también una jornada en donde la cultura cobra vida a través de una de las tradiciones más hermosas del mundo: la festividad de Sant Jordi. Aunque esta celebración tiene raíces profundamente arraigadas en Cataluña, fusiona de manera poética la leyenda y la intelectualidad.

La tradición dicta que el amor y la cultura se estrechan la mano en un intercambio simbólico; un gesto que recuerda que, así como la rosa simboliza la efímera belleza de un sentimiento, el libro representa la permanencia del pensamiento y la memoria. Celebrar este día es rendir tributo a esa dualidad tan humana: la pasión que nos moviliza y las historias que nos definen.

Una de las características que distingue a Sant Jordi es la tradición de regalar rosas y libros. La asociación de las rosas con Sant Jordi se remonta al siglo XV, cuando la leyenda del caballero se fusionó con la celebración del Día de la Rosa, una festividad medieval que conmemora el nacimiento de la primavera y el amor. Según la tradición Sant Jordi le regaló una rosa a la princesa después de salvarla del dragón, simbolizando así amor y admiración.

A su vez, la tradición de regalar libros tiene sus raíces en el siglo XX. En 1923, Vicent Clavel, un escritor valenciano, propuso la idea de combinar la celebración de Sant Jordi con el Día Internacional del Libro, que también se celebra el 23 de abril en honor al aniversario de la muerte de dos grandes escritores: Miguel de Cervantes y William Shakespeare.

En los últimos años, este día ha experimentado un renacimiento digital gracias al ecosistema de las redes sociales. Lo que antes era una celebración local o hasta académica, en la actualidad se ha convertido en un fenómeno viral global que fue impulsado por las comunidades de BookTok, Bookstagram y BookTube. A través del hashtag como #DíaDelLibro y #BookTok.

Los ‘bookfluencers’ han democratizado la fecha transformándola en un evento interactivo donde las recomendaciones personalizadas, los clubes de lectura virtuales y las dinámicas de ‘unboxing’ literario permiten que la pasión por la literatura trascienda formatos y fronteras.

IA y la literatura: ¿Herramienta creativa o amenaza al autor?

La Inteligencia Artificial ha pasado de ser una curiosidad a una herramienta que redefine el concepto de “autoría”. Desde la presentación de ChatGPT y las demás herramientas generativas como Midjourney, Copiloto, etc. La Inteligencia Artificial terminó por convertirse en un actor fundamental en la creación de contenidos

A través de algoritmos, las máquinas, de forma autónoma, nos asisten en el día a día, haciendo más fáciles nuestras vidas: un asistente virtual contesta a las preguntas cuando se contacta a servicio al cliente, Google Translate traduce cualquier texto al idioma que se quiera, Netflix aprende cada día mejor los gustos y preferencias de series y películas y recomienda contenido personalizado.

El avance de la inteligencia artificial sobre más espacios de las actividades humanas es inevitable. Si bien la IA es capaz de crear contenido creativo, como la posibilidad de generar textos, diseños de portadas e incluso llegar a producir audiolibros, la preocupación principal se centra en la vulneración de los derechos de propiedad intelectual.

El 80 por ciento de las autoras y autores considera que la Inteligencia Artificial Generativa (IAG) representa una “seria amenaza” para los derechos de autor y para la propiedad intelectual y creen que son y han sido entrenadas con obras sujetas a derechos sin ninguna autorización, sin recibir ninguna contraprestación económica a cambio de este uso y con nula transparencia.

Adentrándose en el conflicto entre los escritores y la IA, aparece la primera preocupación, aquella en la que se presiente el posible desplazamiento. Es decir, que en poco tiempo las máquinas escriban textos realmente buenos y que, de esta manera la literatura deje de ser una habilidad exclusivamente humana.

Actualmente la Inteligencia Artificial ha dejado de ser una simple herramienta de corrección para convertirse más bien en un socio creativo en el escritorio de los escritores. En el 2026, la literatura se encuentra viviendo una transformación estructural que va desde cómo se conciben las ideas hasta cómo son consumidas las historias.

Los libros generados por IA a menudo se presentan como obras legítimas y en algunos casos incluso se han llegado a utilizar nombres de autores reales para atraer a los compradores. La dificultad para distinguir entre libros escritos por humanos y libros generados por IA es un problema creciente. La presencia de los libros generados por IA en plataformas populares está planteando la preocupación con respecto a la autenticidad y calidad de los contenidos, y es un recordatorio de cómo la innovación tecnológica puede ser aprovechada de manera en la que se engaña a los lectores y autores por igual.

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