25 de Mayo : Memoria de la revolución
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En 1810 la obsesión era poder romper con el lazo colonial y ganar autonomía en la toma de decisiones. La semana de mayo no fue un proceso lineal ni tranquilo. Aunque suele resumirse en fechas patrias, los acontecimientos estuvieron atravesados por intereses enfrentados, discusiones entre sectores criollos y la incertidumbre sobre qué hacer frente a la crisis de la monarquía española.

Este periodo de acontecimientos políticos ocurrió entre el 18 y el 25 de mayo de 1810 en el entonces Virreinato de Río de la Plata. Durante esos días, distintos sectores políticos y sociales debatieron el futuro del gobierno local tras la caída de la monarquía española frente a las tropas napoleónicas. Una crisis política al límite, una jugada de ajedrez geopolítico y una revolución armada hecha por tipos que no sabían cómo iba a terminar la cosa y que se estaban jugando la cabeza en cada decisión que se tomaba.

Un imperio en ruinas

El Virreinato de Río de la Plata no se levantó una mañana y dijo “seamos libres”. En ese momento hubo tres factores clave que fueron decisivos: Las invasiones inglesas (1806 - 1807), La farsa de Bayona (1808) y, La caída de la Junta de Sevilla (enero de 1810).

El estallido de la Revolución de Mayo fue el resultado inevitable de una tormenta perfecta en la que se alinearon el colapso imperial y el despertar del poder local. El proceso inició lentamente tras las invasiones inglesas (1806 - 1807), que eyectaron al virrey Sobremonte por inepto y obligaron a los criollos a organizarse en milicias propias, dándoles por primera vez la fuerza de las armas y la certeza de que España ya no podía protegerlos. Así este vacío de legitimidad se volvió definitivo en Europa con la farsa de Bayona (1808), cuando Napoleón Bonaparte secuestró la corona española y sentó a su hermano José en el trono, provocando una resistencia desesperada que terminó por desmoronarse en enero de 1810 con la caída de la Junta de Sevilla.

Al llegar la noticia al puerto de Buenos Aires en mayo, la lógica jurídica de los revolucionarios fue letal; si el rey Fernando VII estaba cautivo y la junta que lo representaba había desaparecido, la cadena de mando que estaba establecida se había roto y el poder debía retrovertir al pueblo, el único soberano legítimo para decidir su propio destino y su futuro.

Día a día de la semana de mayo

La semana de Mayo comenzó formalmente el 18 mayo de 1810, cuando se conoció en Buenos Aires la caída de la Junta Central de Sevilla, uno de los últimos órganos de autoridad española.

18 de mayo: La noticia explota

España se encontraba ante una profunda crisis política a causa de la invasión napoleónica, situación que generaba incertidumbre en el Virreinato del Río de la Plata. El virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros confirma oficialmente los rumores: España cayó ante Napoleón, intenta pedir calma y fidelidad, pero los criollos ya se están reuniendo en secreto en la jabonería de Vieytes y en la casa de Rodriguez Peña.

19 y 20 de mayo: La presión militar

Belgrano, Saavedra y Castelli le exigen a Cisneros un Cabildo Abierto, con la intención de debatir públicamente la situación política y definir qué medidas debían tomarse frente a la crisis del poder español. Cisneros busca el apoyo de los jefes militares, pero Cornelio Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios, le suelta la mayo con una frase histórica: “El que daba las órdenes ya no existe, por lo tanto, usted ya no tiene mando”.

21 de mayo: La plaza se calienta

La “Legión Infernal” (los chisperos liderados por French y Berutti) ocupa la Plaza Mayor. Exigen el Cabildo Abierto. Cisneros, acorralado, cede y convoca para el día siguiente. Se solicitó a vecinos influyentes de Buenos Aires participar de las deliberaciones que definirían el futuro del gobierno.

22 de mayo: El gran debate

Se vota en el Cabildo Abierto. Hay dos posturas irreconciliables: el obispo Lué dice que los criollos deben obedecer a España mientras haya un español vivo. Juan José Castelli (el “orador de la revolución”) le contesta con una lógica jurídica impecable: si el Rey está preso y no hay gobierno en España, el poder vuelve al pueblo, que es el soberano original.

23 y 24 de mayo: La trampa del poder

El gobierno creó la Junta de Gobierno provisoria, pero esta misma designó a Cisneros como presidente de esa Junta. El hecho generó malestar entre los sectores revolucionarios y gran parte de la población. Los voceros revolucionarios renuncian y la noche del 24 se pasa en vela armando una nueva lista de nombres.

25 de mayo: Nace la Primera Junta

La plaza amanece armada y de mal humor. Los chisperos golpean las puertas del Cabildo. Ante la amenaza inminente de que las milicias saquen las armas a la calle, Cisneros renuncia definitivamente y se anuncia la Primera Junta de Gobierno, encabezada por Cornelio Saavedra e integrada también por Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Juan José Paso y otros referentes revolucionarios. Este hito concluyó con el Primer Gobierno Patrio, un hecho que marcó el comienzo del camino hacía la independencia argentina.

18 de mayo: Día de la escarapela

El día de la escarapela se celebra en Argentina cada 18 de mayo por una disposición establecida en 1935 por el Consejo Nacional de Educación. La escarapela comenzó a tomar protagonismo durante los días previos a la Revolución de Mayo. Algunos historiadores sostienen que grupos de criollos identificados con las ideas revolucionarias ya usaban cintas blancas y celestes para diferenciarse de los sectores fieles a la corona española. La fecha da inició a la “Semana de Mayo”, uniendo el nacimiento del primer símbolo patrio con los días

que condujeron a la Revolución de 1810.

Foto extraída del medio Si San Juan

Para febrero de 1812, Belgrano estaba en Rosario, a orillas del río Paraná, fortificando las defensas contra los ataques de los realistas que venían en barco desde Montevideo. Allí se encontró con un problema logístico: pese a que sus soldados usaban uniformes de distintos colores, en el caos del combate se confundían con los enemigos, que también usaban el rojo y el amarillo de la corona española.

Por esto mismo, el 13 de febrero de 1812 Belgrano le escribió una carta al Triunvirato pidiendo la autorización para crear un distintivo: “Parece llegado el caso de que Vuestra Excelencia se sirva declarar la escarapela nacional que debemos usar, para que no se confunda con la de nuestros enemigos…”

5 días más tarde el Triunvirato firmó el decreto aprobando la escarapela oficial de las Provincias Unidas del Río de la Plata, con dos colores: blanco y celeste, aboliendo la roja que se usaba antes.

Al hablar de la escarapela, también está aquella imagen puesta en el imaginario social en la que se daba a entender que French y Berutti repartían escarapelas celestes y blancas bajo el paraguas en 25 de mayo, pero si la escarapela se aprobó por el Triunvirato recien dos años después: ¿Qué repartían realmente ellos en la Plaza Mayor en 1810?

French y Berutti no eran exactamente dos jóvenes inocentes, que estaban distribuyendo recuerdos patrios: eran los líderes de “La legión Infernal” o “Los Chisperos”, el grupo de choque de la revolución, el cual estaba formada por jóvenes de clases populares, criollos, manumitidos, y orilleros. Su función era controlar la plaza, agitar a la multitud y presionar físicamente a los miembros del Cabildo que querían mantener al virrey. Para identificarse entre ellos en medio del caos y saber quienes eran “de los suyos” y quien un espía realista, repartieron cintas.

25 de mayo: El clímax final

El 25 de mayo fue el clímax final de esa semana frenética, el día en que el viejo orden colonial se quebró por completo y nació así elPrimer Gobierno Patrio, con una jornada de altísima tensión y un clima de total incertidumbre.

La noche del 24 había sido larga y tensa. Tras el rechazo popular ante la jugada tramposa que intentó presidir el virrey Cisneros, los revolucionarios no descansaron. En la casa de Rodríguez Peña y en los cuarteles se terminó de pulir la lista de hombres que debían ser quienes integrarían el nuevo gobierno. La Plaza Mayor amaneció gris, lloviznaba, y el ambiente estaba militarizado. Los “chisperos” de French y Berutti controlaban los accesos del Cabildo, y los regimientos criollos estaban acuartelados, listos para salir si los burócratas españoles insistían en mantener al virrey Cisneros en el poder.

Cuando finalmente se asomaron al balcón para anunciar la destitución del virrey y la creación de la Junta Provincial Gubernativa del Río de la Plata, lo que nació no fue un estado consolidado, sino un comité de crisis con visiones de país profundamente distintas.

Foto extraída del medio Clarín

La presidencia (Cornelio Saavedra), como jefe del Regimiento de Patricios, le otorgaba a la junta el respaldo militar indispensable, con una mirada conservadora, y muy atenta a lo que opinaban las provincias de tierra adentro. Las secretarías (Mariano Moreno y Juan José Paso) eran el motor intelectual; los vocales, una mezcla estratégica de abogados (Belgrano, Castelli); Larrea y Matheu dos comerciantes con lazos internacionales, y un fuerte guiño a la iglesia (el curo Alberti) para no perder el apoyo de una sociedad profundamente religiosa.

Sacar a Cisneros fue la parte fácil, pero el verdadero problema empezó al día siguiente cuando la Junta se dio cuenta de que gobernar un territorio gigantesco, incomunicado y rodeado de enemigos era prácticamente imposible, por ello la consolidación jugó tres puntos inmediatos: La guerra de legitimidad, la máquina de la propaganda, la acción radical, y la “Máscara de Fernando VII”.

Buenos Aires asumió el control en nombre de todos, pero el resto del Virreinato no tenía por qué obedecer a los porteños. Ciudades como Córdoba, Montevideo, Asunción y el Alto Perú rechazaron a la junta criolla y se mantuvieron fieles a España. En cuanto a la propaganda, Mariano Moreno entendió que para consolidar el gobierno necesitaban ganar la cabeza de la gente. Fundó el diario oficial La Gazeta de Buenos Ayres para difundir las ideas revolucionarias y redactó el polémico Plan de Operaciones.

Para evitar que Inglaterra cortara el comercio, la junta gobernaba oficialmente “en nombre del rey cautivo”. Esto sirvió para ganar tiempo, pero género contradicciones internas: se armaban ejércitos para pelear contra los hombres del Rey, mientras se juraba fidelidad a ese mismo Rey. Este experimento duró siete meses. En diciembre de 1810, los representantes de las provincias llegaron a Buenos Aires, y alineados con Saavedra, forzaron la incorporación de los diputados del interior para formar la Junta Grande.

Mayo Revolucionario

A la distancia, el mayo revolucionario no fue un cuadro estático de vecinos con el paraguas esperando de manera pacífica frente al Cabildo, sino una jugada política al límite, impulsada por la urgencia, la audacia y la incertidumbre. El 25 de mayo de 1810 no se firmó el final de una historia, sino más bien el prólogo de una discusión que todavía nos atraviesa: que país queremos ser.

Detrás de las cintas, los mitos escolares y las fechas patrias, late la memoria de una semana frenética en la que un grupo de criollos decidió que el poder ya no venía de una corona lejana, sino del pueblo. Sacar al virrey fue el primer paso, pero el verdadero desafío siempre fue sostener la audacia de ser

libres.

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