Yo voy en trenes
El tren llega a La Plata casi imperceptible al oído, hasta que se detiene y cientos de personas descienden en la estación final. Caminan hacia los molinetes y forman una marea humana que, en un instante, se disipa hacia la ciudad, cada uno a su jornada, sabiendo que al final del día la misma máquina nos devuelve a casa. Hay algo unificador en ese retorno: una coincidencia, un amontonamiento, una clase y, ojalá, una conciencia.
