El desarrollo científico que genera Soberanía Espacial
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Un grupo de estudiantes y profesionales de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) participó en la misión Artemis II de la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio) con el satélite ATENEA, creado en conjunto con el Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA) y el laboratorio de Sistemas Electrónicos para Navegación y Telecomunicaciones (SENyT), ambos dependientes de la facultad.

El proyecto fue coordinado por la Comisión Nacional de Actividades Aeroespaciales (CONAE), el acuerdo con la NASA se confirmó hace un mes y en 2023 se abrió la convocatoria desde la empresa estadounidense para formar parte de la misión con cargas secundarias, es decir, “satélites que van en esa misión, pero no llegan a la Luna, se lanzan en el camino”, según explicó Ramón López La Valle, uno de los coordinadores del proyecto y del SENyT.

Meses atrás, en el marco de una investigación para la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, Trinchera realizó entrevistas acerca del tema. En aquel momento,  Aldana Guilera, integrante del proyecto y trabajadora del CTA, explicó: “Hace un año y medio que venimos con trabajo y con reuniones cada 15 días con la NASA, convenciéndolos cada vez de que nosotros estamos seguros de lo que estamos haciendo”, declaró

El primer acercamiento de la Comisión a la Facultad de Ingeniería fue consecuencia del prestigio de la UNLP en el área de desarrollo científico aeroespacial. El “Team Satélite”, como lo denominó Guilera, que abarca a todos los integrantes del proyecto, se seleccionó por la experiencia previa que tenían en un diseño similar a los satélites chicos que se buscaban desde la NASA, artefactos desarrollados en el Programa Universitario de Satélites (USAT) de la institución. Sobre esto, La Valle aclaró que había poco tiempo para presentar la propuesta y que la Comisión necesitaba proyectos que ya estuvieran en curso.

“ATENEA salió a raíz del desarrollo de USAT”, afirmó Aldana Guilera, próxima a recibirse de ingeniera aeroespacial en la Facultad de Ingeniería y que dentro del proyecto se destaca como ingeniera térmica y en sistemas. “Eso se basa en ver el satélite como un todo y tratar de tener una relación con todos los grupos de trabajo, porque esto es multidisciplinario”, explicó, y agregó que también debe observar que todo sea compatible, como lo electrónico con lo mecánico, por ejemplo.

ATENEA es un CubeSats, una categoría de nanosatélites de una medida estándar (10x10x10) con forma de cubo que pueden pesar hasta 30 kilos y acumularse en unidades. El peso dentro de la ingeniería aeroespacial es fundamental para determinar la categoría de los dispositivos, por ejemplo, hasta 30 kilos se trata de un nanosatélite, después de los 30 hasta los 1000 se convierte en un minisatélite y, pasando los 1000 kilos se categoriza como satélite. En el caso de ATENEA, se trata de un CubeSats 12U, lo que implica que está conformado por 12 unidades de CubeSats-nanosatélites.

Finalmente, el satélite cumplió con su misión tras el lanzamiento de Artemis II. Su función consistió en integrarse en la nave y lanzarse en el camino a la Luna a 50.000 kilómetros de la Tierra como carga secundaria, para quedar en una distancia de 70.000 kilómetros en una órbita muy elíptica, es decir que no llegó con la tripulación a destino final. “Una vez que está en la órbita, además de decirte estoy vivo, va a cumplir una misión”, aclaró Guilera meses atrás, y explicó que el objetivo del dispositivo consistiría en llevar una carga útil con una función específica: un receptor de señales GNSS, para intentar calcular diferencias de medidas de recepción de señal.

En el mismo sentido, el ingeniero añadió que otro desafío complejo que tuvo que superar esta misión fue las comunicaciones, porque “establecer una comunicación eficiente y confiable con el planeta a esa distancia es complejo”.

El Programa Universitario de Satélites de la UNLP

El equipo que formó parte de la creación de ATENEA participa del Programa Universitario de Satélites (USAT), un proyecto de la Facultad de Ingeniería donde los estudiantes y profesionales del Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA) y el laboratorio de Sistemas de Eléctricos de Navegaciones y Telecomunicaciones (SENyT) desarrollan satélites. Aldana Guilera, estudiante de ingeniería aeroespacial y trabajadora del CTA, llegó al proyecto gracias a una beca de trabajo que se abrió en la facultad y quedó seleccionada.

El programa actualmente cuenta con una saga de cinco satélites, donde el primero fue USAT I, la razón principal por la cual la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) se acercó al grupo para que el “Team Satélite”, como los denomina Guilera, desarrolle un satélite similar para la misión Artemis II de la NASA. Así nació ATENEA, de un proyecto de la Universidad Pública y que lleva su nombre en honor a la diosa griega de la sabiduría y la estrategia.

Los cinco dispositivos son similares estructuralmente, pero lo que cambia en cada uno es la misión que lleva dentro de su carga útil, es decir, la función específica que cumple en el interior de una nave. En el caso del USAT I, su misión es la demostración tecnológica de dos técnicas de recepción de señal tipo GNSS (Sistema Global de Navegación por Satélite, el GPS es un ejemplo), reflectometría y radio-ocultación. “La idea era hacer como un paquete de satélite que ya esté listo para que alguien diga “necesito llevar un sensor para medir tal cosa y que se lo lleve”, sostuvo Aldana Guilera.

Por medio de becas de trabajo, los estudiantes de ingeniería pueden postularse para el equipo de trabajo del CTA, donde actualmente participan alrededor de 15 alumnos y profesionales, que se destacan en áreas como diseño de la misión o la integración de las piezas.

Guilera, estudiante de la carrera de Ingeniería Aeroespacial, explicó que se trata de un equipo multidisciplinario y que las especificidades van desde ingeniería espacial a especialista en tornillos, como el caso de Eric Molina, uno de los integrantes del “Team Satélite”. En el desarrollo de ATENEA “la NASA nos requirió que haya alguien que analice tornillo por tornillo”, explicó la mujer sobre el trabajo de su compañero y añadió que analiza por computadora el comportamiento de cada tornillo con el propósito de que, en caso de que algún tornillo falle o se rompa, la estructura no se va a desarmar ni ser un problema para la carga útil ni para la tripulación.

Desfinanciar la ciencia es atacar las investigaciones universitarias

El programa universitario USAT es un claro ejemplo de la relación entre el desarrollo científico y la universidad pública y, la participación de la Facultad de Ingeniería en la misión Artemis II, en conjunto con otras universidades nacionales bajo la coordinación de la Comisión Nacional de Actividades Aeroespaciales (CONAE). Es un hito histórico. Sin embargo, el sector de la ciencia sufrió un ataque constante desde la llegada de Javier Milei a la presidencia. “El gobierno considera que el desarrollo tecnológico autónomo no contribuye al crecimiento de nuestro país”, declaró el ex ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación y bioquímico, Roberto Salvarezza.

Para Salvarezza, el proyecto del gobierno tiene el objetivo de dejar un país que no le interese la tecnología, la industria o el pensamiento nacional. Con un propósito de dependencia, busca destruir la soberanía tecnológica y apoyarse en producciones extranjeras. “Los países desarrollados a los cuales el presidente admira, como el caso de Israel, invierten muchísimo en ciencia”, apuntó el bioquímico.

Actualmente el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación se redujo a una Secretaría, dependiente de la Jefatura de Gabinete de Ministros y, desde el Comité Ejecutivo del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) se denunció una parálisis casi total de los proyectos implementados por la Secretaría. Un ejemplo es el programa Construir Ciencia, que se encargó de la construcción de laboratorios e infraestructura para los centros de investigación, varios ubicados en universidades. Y, por otro lado, el programa Equipar Ciencia, con el que se compró el equipamiento necesario para las instalaciones y el desarrollo científico.

El desfinanciamiento de esta área, que desprestigia a los científicos del país y a las universidades públicas que forman parte de este proceso, no comenzó este año. Dentro de la Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos (2024), el artículo 1 declara la emergencia pública en materia económica y financiera, y por medio de la Ley de Presupuesto para 2025, las intenciones del gobierno fueron claras. En ella, el artículo 27 suspende el cumplimiento de los artículos cinco, seis y siete de la Ley de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. En los tres artículos el objetivo principal es mantener el financiamiento del área, al establecer por ley que debe haber un incremento progresivo y sostenido del presupuesto, para aumentar cada año en base a una tabla preestablecida de valores y, además, se afirma que el presupuesto nunca deberá ser menor al del año anterior. Si bien la ley no se aprobó, el ataque al financiamiento del desarrollo científico está presente.

En este momento la Secretaría se sostiene con el Presupuesto 2023 y el ex ministro denunció que “ese dinero está ahí durmiendo desde ese año”. Según la página del Ministerio de Economía (MECON), en el apartado ¿Quién Gasta?, se observa que el organismo cuenta con un presupuesto vigente de 161.015 millones de pesos, pero hasta el momento únicamente se ejecutó un 21,48%, lo que implica alrededor de 34 millones. Así, en comparación con otros organismos, la Secretaría es uno de los organismos que menos ejecuta. “Tiene plata, cada vez menos, porque como es siempre la misma cantidad todos los años, se va desvalorizando por la inflación”, apuntó el bioquímico y criticó el ajuste que se está llevando a cabo sobre el Estado Nacional y denunció que es para pagar la deuda externa.

Según el ex ministro, el sistema de ciencia argentino trabaja de forma cooperativa entre organismos de ciencia e investigación, como es el caso del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) y de las universidades. Y así lo afirmó el CIN, que expuso que en el país más del 70% de la producción científica se origina en el sistema universitario, donde los estudiantes tienen la posibilidad de participar de investigaciones y proyectos, gracias a becas, que los forman como futuros profesionales. Salvarezza rectificó que ambas áreas están interrelacionadas y que cuando se habla de ciencia y el impacto que tiene el desfinanciamiento, también se incluyen las universidades y sus investigaciones.

ATENEA, el satélite que irá al espacio con la NASA, se pensó en la Facultad de Ingeniería y es el resultado de la cooperación entre diversas Universidades Nacionales y laboratorios científicos, como el de Sistemas Electrónicos para Navegaciones y Telecomunicaciones (SENyT) y el Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA), ambos dependientes de la Facultad de Ingeniería. Además del recorte científico, al presupuesto universitario también lo agarró la motosierra. Aldana Guilera, estudiante de ingeniería e integrante del grupo de ATENEA, declaró que dentro de la facultad también se dieron de baja proyectos que venían de convenios estatales.

El desarrollo científico que genera Soberanía Espacial

En el sitio web del Centro Tecnológico Aeroespacial se lee: “El CTA se impulsa y se retroalimenta, con la visión de seguir apostando por el desarrollo tecnológico para la soberanía espacial” y así lo dejó en claro Ramón López La Valle, ingeniero electrónico, que declaró que no depender de afuera es fundamental y agregó que ATENEA es una demostración de la tecnología que se fabrica en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

Dentro del SENyT se desarrollan Sistemas de Navegaciones Satelitales, es decir, receptores GPS que son difíciles de conseguir en el extranjero. López La Valle, coordinador del laboratorio, explicó que, si alguna institución busca hacer un satélite y necesita un receptor calificado, apto para volar dentro del artefacto, la compra tiene restricciones como el precio, porque salen millones de dólares, y su carácter de tecnología sensible, porque cómo puede utilizarse para un satélite, también puede funcionar en un misil nuclear.

Lo mismo sucede con otros componentes tecnológicos, “dependés de un producto que por ahí no se pensó exactamente para la aplicación que vos necesitás”, contó el ingeniero. También afecta a la elaboración de los vehículos lanzadores, conocidos comúnmente como cohetes, que actualmente Argentina no tiene la capacidad para efectuarlos, y debe obtenerlos de países como Estados Unidos, China o Rusia. “Eso es una limitación que siempre termina poniéndote bajo el dominio de otro”, anunció el coordinador del proyecto y destacó que las investigaciones y los proyectos de desarrollo espaciales forman profesionales en el área que siguen incrementando el prestigio y el nivel de la ciencia argentina.

Al respecto, Aldana Guilera acotó que los satélites se utilizan para obtener información sobre la cual no existen datos concretos. “Es investigación para activar”, dijo la trabajadora del CTA y sostuvo que, por medio de un análisis más agudo de datos obtenidos, podrían detectarse incendios, focos de humo, humedad en el suelo y salinidad en el agua, temas que son necesarios, por ejemplo, en el sector agrícola. Desde la observación de la Tierra hasta el desarrollo de las comunicaciones, los satélites están involucrados, “pasás de 4G a 5G en el celular sin darte cuenta y sin saber la importancia que tiene”, afirmó Guilera. Además, los ingenieros también aportaron que desde SAOCOM (Satélite Argentino de Observación Con Microondas) se entregan imágenes satelitales que detectan deforestaciones o focos de incendios que ayudan a actuar rápidamente. En este sentido, Guilera finalizó con la importancia que la tecnología satelital tiene también para el desarrollo de la sociedad.

El CTA y el SENyT, los laboratorios de la Facultad de Ingeniería

El satélite ATENEA nació gracias al trabajo en conjunto de los integrantes del Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA) y el laboratorio de Sistemas Electrónicos para Navegaciones y Telecomunicaciones (SENyT), ambos centros de desarrollo tecnológico dependientes de la Facultad de Ingeniería de la UNLP.

Ramón López La Valle, ingeniero electrónico, es el coordinador del SENyT, y se encarga de organizar las actividades que realizan dentro de ATENEA. Tal como indica su nombre, el laboratorio se encarga de la investigación en el campo de los sistemas de navegación y telecomunicaciones. Y, dentro de ATENEA, “las tres actividades más importantes que realizamos son el diseño, la implementación y la fabricación de los tres subsistemas electrónicos que forman parte del satélite”, explicó el ingeniero y agregó que esos subsistemas son: la computadora de abordo, el sistema de comunicaciones y el receptor de GPS.

Por otro lado, en el CTA se piensan tecnologías aeroespaciales, vinculadas a las aeronaves, como aviones, helicópteros o drones. También se desarrollan satélites y sus componentes, además de investigar sobre energías alternativas, que se refieren a la elaboración de baterías terrestres y espaciales. Aldana Guilera, estudiante de la facultad y trabajadora del CTA, explicó que hay proyectos que dependen únicamente de los ingresos de la Facultad de Ingeniería que, en conjunto con el CTA y el SENyT, realizan trabajos como ensayos de validación o de certificación de motos o airbags para compañías de auto. “Con esa plata se financian proyectos que no rentan, que gastan, como el satélite USAT I”, afirmó la estudiante.

En ambos organismos el trabajo es interdisciplinario, por áreas y participan ingenieros en telecomunicaciones, aeroespaciales, aeronáuticos, mecánicos, térmicos y electrónicos, entre otros. En el CTA, los profesionales se encargan del diseño estructural para pequeños satélites, en conjunto con las misiones de los mismos, es decir, sus funciones específicas para sus cargas útiles. La institución, además, cuenta con una sala para la integración de CubeSats (nanosatélites) de hasta seis unidades, y una cámara de termovacío, donde se evalúan y validan los satélites.

Por otro lado, en el SENyT se especializan en sistemas globales de navegación por satélite, comunicaciones inalámbricas, subsistemas de satélites y antenas, y trabajan ingenieros electrónicos y de telecomunicaciones, más que de otras áreas. El laboratorio funciona hace más de 15 años y, al igual que el CTA, se destaca por su labor cooperativo con diferentes instituciones académicas y organismos industriales. Como sucedió en el desarrollo del satélite ATENEA, con coordinación de la Comisión Nacional de Actividades Aeroespaciales (CONAE), el “Team Satélite” que integran trabajadores del CTA y el SENyT, trabaja en conjunto con la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA), el Instituto Argentino de Radioastronomía, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la empresa estatal VENG S.A.

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