Vivimos en una época de contradicciones brutales. Nunca antes en la historia de la humanidad habíamos acumulado tanto conocimiento técnico ni tanta riqueza concentrada. Sin embargo, la brecha entre lo que podríamos ser y lo que somos se ha convertido en un abismo moral. Los datos de 2025 y 2026 pintan un panorama que oscila entre lo obsceno y lo trágico, obligándonos a responder una pregunta incómoda: ¿realmente no hay recursos para todos, o simplemente hemos elegido priorizar el lucro sobre la vida? Este análisis confronta esas cifras, las pone frente a frente y desmonta la narrativa de la escasez que el poder pretende instalar para revelar la verdadera naturaleza de la crisis actual: un problema de distribución y de voluntad política.
La carrera por lainteligencia artificialse ha convertido en la nueva frontera del capital global, absorbiendo recursos que podrían transformar la realidad humana. En 2025, la inversión mundial en IA alcanzó la astronómica cifra de 581 mil millones de dólares, superando cualquier récord anterior y proyectándose hacia un gasto total de 2,52 billones de dólares para 2026, lo que representa un aumento interanual del 44%. Esta avalancha financiera, impulsada en un 60% por capital privado, está concentrada geográficamente: solo Estados Unidos destinó 285,9 mil millones de dólares en 2025, una cantidad 23 veces superior a la inversión de China. Pero mientras los algoritmos se entrenan con datos de millones, la humanidad enfrenta carencias básicas. Según elBanco Mundial, se necesitarían apenas entre 100 y 150 mil millones de dólares anuales para erradicar el hambre extrema global. En términos prácticos,en 2026, el mundo está a punto de gastar más de 25 veces esa cantidad solo en desarrollar máquinas que piensen, mientras cientos de millones no tienen qué comer.

Fuentes:Statista AI Investments,SIPRI Military Expenditure,World Bank PIP,Oxfam 2026
Paralelamente, la industria de la defensa y la extracción de materias primas operan a velocidad de crucero. El gasto militar global cerró el 2025 en 2,9 billones de dólares, marcando el undécimo año consecutivo de crecimiento según elInstituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo. Estados Unidos lidera esta carrera con 954 mil millones de dólares, un monto que supera la suma de los diez países que le siguen (pero combinados), esto es más de tres veces lo que invierte China (el segundo de la lista). Si se redistribuyera este presupuesto, le tocarían 3.490 dólares a cada una de las 831 millones de personas que sobreviven en pobreza extrema.
La maquinaria bélica coexiste con una producción extractiva sin precedentes. La minería de oro alcanzó un récord histórico de 3.670 toneladas en 2025, con una demanda total que superó por primera vez las 5.000 toneladas y un precio que rozó los 5.600 dólares por onza. Gran parte de esas compras las absorbieronlos bancos centrales con 863 toneladas adicionales (parte del proceso de desdolarización del que se ha venido advirtiendo en anteriores publicaciones), consolidando el cuarto año consecutivo de compras masivas.

En el sector energético, Estados Unidos extrae 13,6 millones de barriles diarios, un récord nacional que refleja su dependencia de los fósiles y que ignora la grave crisis climática que atraviesa el mundo (nada nuevo si consideramos el discurso y los intereses a los que representa Trump).
Por su parte el mercado de minerales críticos (esos que son esenciales para la transición tecnológica y que necesitan los celulares y las computadores, pero también los misiles y demás tecnologías militares), gastó unos 391.45 mil millones de dólares en 2025, y la proyección marca un crecimiento sostenido del 6,3% anual hasta 2035.
Mientras todo este dinero se "invierte" en volver más ricos a los ricos, el desempleo global se mantiene oficialmente en un 4,9%, una cifra que disfraza el escandaloso número de 186 millones de personas sin trabajo formal y que esconde a un 60% de trabajadores que están atrapados en la economía informal, sin red de protección social. Y es -fundamentalmente- la juventud la que paga el precio más alto, con una tasa de desempleo del 13,6%, casi el triple del promedio general.

Fuentes:Forbes Billionaires List,World Bank Poverty,FAO Food Security,ILO Employment
El otro dato que habitualmente se omite mencionar en la prensa es la pérdida de poder adquisitivo, un robo silencioso que castiga con mayor saña a los sectores más vulnerables. Sólo a modo de ejemplo la inflación en el sector salud se mantiene en un 10,4% global (datos de 2025), y alcanza niveles críticos en Asia-Pacífico con un 12,3%o un 15% en Asia Occidental y África, según datos de laOrganización Mundial de la Saludy consultoras globales de costos sanitarios.
En alimentos, la crisis es estructural: 52,9% de los países de bajos ingresos reportan inflación alimentaria superior al 5%, mientras que en zonas donde se desarrollan conflictos bélicos la proyección es de casi el doble y supera el 10%. En Gaza -producto del bloqueo y el posterior genocidio sionista- el precio de una bolsa de harina de 25 kilogramos se multiplicó por cinco en cuestión de semanas, un aumento de más del 400%. Análisis diferenciados deberían correr para economías bloqueadas o sancionadas por EEUU y sus chihuahuas del Occidente Colectivo, como Venezuela, Cuba o incluso Irán, donde se agregan cientos de problemas producto de las políticas de extorsión unilaterales implementadas por la Casa Blanda y sus acólitos.
Este deterioro económico se traduce en una pérdida brutal de capacidad adquisitiva. Para poner un ejemplo en un lenguaje que todos y todas entiendan: quien ganaba 100 mil dólares en 2020 hoynecesita 124.353 dólares para mantener el mismo nivel de vida, lo que equivale a una pérdida real del 24,4% en apenas cinco años. La consecuencia directa es que una de cada cuatro personas en el planeta enfrenta inseguridad alimentaria moderada o grave, un indicador que ha crecido un 42,6% entre 2015 y 2024. En tan sólo nueve años 682 millones de personas se sumaron al sector de la humanidad que padece hambre estructural. Incluso en las regiones más ricas, como Europa y América del Norte, 92 millones de personas padecen esta inseguridad alimentaria, demostrando que la crisis es global y sistémica.

Fuentes:WHO Health Inflation,FAO Food Price Index,OECD Inflation
Este panorama no es un accidente del mercado, sino el resultado de un diseño político deliberado. El informe de Oxfam de enero de 2026,Contra el imperio de los más ricos, documenta cómo la riqueza de los milmillonarios creció tres veces más rápido en 2025 que el promedio anual de los cinco años anteriores, impulsado por políticas de desregulación y tributación preferencial.
No es casual que por primera vez en la historia, existen más de 3.000 milmillonarios en el planeta, con una riqueza combinada que alcanzó los 18,3 billones de dólares. En este escenario fue que en octubre de 2025, Elon Musk se convirtió en la primera persona en superar los 500.000 millones de dólares, una cifra equivalente al PIB de países enteros. Tan solo los 15 individuos más ricos de Estados Unidos vieron crecer su fortuna un 33% durante 2025, pasando de 2,4 a 3,2 billones de dólares.Para dimensionar la escalofriante e indignante concentración económica actual alcanza un ejemplo: los 12 milmillonarios más ricos del mundo acumulan, en conjunto, más riqueza que la mitad más pobre de la humanidad, es decir, más que 4.000 millones de personas.
Esta concentración económica se traduce directamente en poder político: los milmillonarios tienen 4.000 veces más probabilidades de ocupar un cargo político que el resto de la ciudadanía. Y claro, esto no es casualidad: más del 50% de los principales medios de comunicación globales y nueve de las diez redes sociales más utilizadas están bajo el control de superricos, mientras que ocho de las diez mayores empresas de IA son dirigidas por ellos, consolidando un monopolio narrativo y tecnológico.
Distintas investigaciones confirman que los países más desiguales tienen hasta siete veces más probabilidades de sufrir erosión democrática. Por ejemplo, ante el lógico descontento de los pueblos por aumento de los costos de vida, los gobiernos han optado por la represión en lugar de la redistribución, como lo demuestran las violentas respuestas a las protestas en Kenia, Francia o Argentina.

En su último informe, de enero de este año, la Oxfam, cita al juez de la Corte Suprema de Estados Unidos, Louis Brandeis, quien hace un siglo dijo que "podemos tener una riqueza extrema concentrada en manos de unos pocos, o podemos tener democracia, pero no podemos tener ambas cosas". Como diría la canción, la pregunta es: ¿de qué lado de la mecha te encontrás?
Los datos son contundentes y no admiten eufemismos. No vivimos en un mundo de escasez, sino en un sistema criminalmente injusto donde la distribución de los ingresos está patas arriba. Tecnológicamente, se podría alimentar a todos. Económicamente, se podría garantizar salud, educación y vivienda digna. Políticamente, se elige no hacerlo. Mientras las guerras, la crisis climática y la especulación financiera inflan los precios y los costos de vida, las élites acumulan fortunas récord.
Pero la pasividad no es un destino inevitable. Cuando los pueblos se organizan hay esperanza, el cambio y la revolución son posibles. Organizaciones libres del pueblo, sindicatos, movimientos sociales están demostrando en distintas partes del mundo que la organización popular puede ser un contrapeso a los poderes fácticos y su voracidad por seguir acumulando riqueza de manera extrema.
Soluciones prácticas existen sobradamente: impuestos progresivos a la riqueza extrema, regulación estricta del lobby corporativo, transparencia en las cadenas de suministro, inversión pública masiva en protección social o la creación de un Panel Internacional sobre Desigualdad que coordine políticas globales justas. Estos niveles de desigualdad no son un accidente. Son decisiones políticas.
Al final de cuentas, como ya se ha mencionado en reiteradas oportunidades y reflexiones: nada de esto es inevitable. Es una elección, por acción o por omisión. Y como se puede observar, la pregunta ya no es si hay recursos, sino si tenemos la valentía colectiva para exigir un mundo donde la tecnología y la riqueza sirvan a la vida, no al poder. Todavía estamos a tiempo de elegir la democracia sobre la oligarquía; la dignidad humana sobre la avaricia; la vida sobre el lucro. Eso sí: el tiempo se agota. Y cada día que pasa, la brecha se hace más profunda.
<hr />Referencias y fuentes de datos
- Inversión en IA y tecnología:Statista - Artificial Intelligence Market|McKinsey Global Institute AI Reports
- Gasto militar global:SIPRI Military Expenditure Database 2025
- Producción de oro y demanda:World Gold Council - Gold Demand Trends 2025
- Producción petrolera y energía:U.S. Energy Information Administration (EIA)|OPEC Monthly Oil Market Report
- Minerales críticos y tierras raras:International Energy Agency (IEA) Critical Minerals
- Pobreza extrema y línea de $3/día:World Bank Poverty and Inequality Platform
- Inseguridad alimentaria y hambre:FAO - The State of Food Security and Nutrition in the World 2025
- Desempleo y trabajo informal:ILO - World Employment and Social Outlook 2025
- Inflación en salud y alimentos:WHO Global Health Expenditure|OECD Inflation CPI
- Informe Oxfam completo:Contra el imperio de los más ricos (Enero 2026)
- Erosión democrática y desigualdad política:Rau & Stokes, PNAS 2025|Freedom House - Freedom in the World 2025

