Por: Alexander Wagner
Esta contradicción se expresa con claridad en territorios concretos. En el sur de la provincia de Santa Fe, y particularmente en Casilda, región caracterizada por una alta productividad agrícola, gran parte de la producción está orientada a commodities como soja y maíz, destinados mayormente a exportación o a cadenas industriales. Sin embargo, el acceso cotidiano a alimentos frescos, diversos y de calidad para la población local no siempre está garantizado en condiciones justas, tanto para quienes producen como para quienes consumen.
En este contexto, la noción de alimentos “4S”, sanos, sabrosos, seguros y soberanos, emerge como una síntesis potente para repensar el sentido de la producción alimentaria. Lejos de tratarse simplemente de una clasificación nutricional o técnica, se trata de un horizonte político, social y productivo que interpela el modelo agroalimentario vigente.
De la alimentación como mercancía a la alimentación como derecho
El derecho humano a la alimentación no se reduce a la disponibilidad de calorías ni a la asistencia alimentaria. Implica que toda persona pueda acceder de manera regular, suficiente y digna a alimentos adecuados desde el punto de vista nutricional, cultural y sanitario. Este derecho, reconocido en instrumentos internacionales con jerarquía constitucional en Argentina, obliga al Estado a garantizar condiciones materiales que permitan producir o acceder a alimentos en condiciones de dignidad.
En esta clave, el problema alimentario no puede ser abordado únicamente como una cuestión de consumo. Es, fundamentalmente, una cuestión de producción, distribución y acceso. ¿Quién produce? ¿Para quién? ¿Bajo qué condiciones? ¿Con qué impactos?
La Ley de Promoción de la Alimentación Saludable (Ley N° 27.642) en Argentina reconoce la necesidad de garantizar información clara y prevenir enfermedades asociadas a dietas inadecuadas, vinculadas en gran medida al consumo de productos ultraprocesados . Sin embargo, el desafío es más profundo: no alcanza con regular lo que se consume si no se transforma el modo en que se producen los alimentos.
Los alimentos 4S: una propuesta integral
La idea de alimentos 4S permite integrar dimensiones que suelen abordarse de manera fragmentada:
Sanos, porque aportan nutrientes esenciales sin dañar la salud ni depender de sustancias nocivas; Sabrosos, porque recuperan la cultura alimentaria, los sabores locales y las tradiciones que construyen identidad; Seguros, porque garantizan inocuidad, calidad y ausencia de contaminantes a lo largo de toda la cadena productiva; y Soberanos, porque son producidos desde el territorio, fortaleciendo la autonomía de los pueblos y reduciendo la dependencia de mercados concentrados.
Estas dimensiones no son independientes entre sí. La sanidad de los alimentos está vinculada a las condiciones de producción; el sabor a las prácticas culturales; la seguridad a los sistemas de control y cuidado; y la soberanía a las relaciones de poder que estructuran el sistema agroalimentario.
En experiencias locales de la región, como ferias de productores y circuitos cortos de comercialización en Rosario, Casilda, Cañada de Gómez, Villa Constitución y localidades cercanas, estas dimensiones comienzan a materializarse. En ese contexto, productores de la agricultura familiar ofrecen alimentos frescos, de estación y con menor intermediación, recuperando, además de prácticas productivas sustentables, vínculos directos entre quienes producen y quienes consumen.
Pensar en alimentos 4S implica, entonces, desplazar el eje desde el producto hacia el sistema.
Soberanía alimentaria: condición de posibilidad
La Soberanía Alimentaria aparece como una categoría clave para comprender esta propuesta, que además de producir alimentos localmente, también garantiza que las decisiones estratégicas sobre la producción, distribución y consumo estén en manos de los pueblos y no subordinadas a intereses externos o corporativos.
En la Argentina, esto supone abordar cuestiones estructurales: la concentración de la tierra, el acceso desigual a los recursos productivos, la dependencia de insumos externos, y la fuerte orientación exportadora de la producción agropecuaria.
La producción de alimentos bajo criterios de soberanía implica fortalecer la agricultura familiar, campesina e indígena, promover circuitos cortos de comercialización y recuperar el control sobre bienes comunes naturales estratégicos como la tierra, el agua y las semillas.
En la provincia de Santa Fe, la expansión del modelo agrícola basado en arrendamientos y monocultivos ha generado fuertes tensiones en el acceso a la tierra. En estas zonas geográficas muchos pequeños productores enfrentan dificultades para sostenerse frente al aumento de los costos y la presión del mercado de tierras, lo que limita las posibilidades de desarrollar experiencias agroecológicas a mayor escala.
Salud, ambiente y justicia social: dimensiones inseparables
El actual patrón de consumo alimentario, fuertemente atravesado por productos ultraprocesados, está asociado a un aumento de enfermedades crónicas no transmisibles, como la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Este fenómeno no puede explicarse únicamente por decisiones individuales: responde a un sistema que produce, distribuye y promueve determinados alimentos en función de su rentabilidad.
Al mismo tiempo, el modelo agroindustrial dominante genera impactos ambientales significativos: degradación de suelos, pérdida de biodiversidad, contaminación de agua y afectación de ecosistemas. Estos costos, muchas veces invisibilizados, no están incorporados en el precio final de los alimentos.
Frente a esto, la producción de alimentos 4S propone una articulación entre salud, ambiente y justicia social. No como esferas separadas, sino como dimensiones de un mismo proceso.
El rol del Estado y la sociedad
Garantizar el derecho a la alimentación requiere políticas públicas integrales que generen condiciones estructurales: acceso a la tierra, financiamiento para productores, infraestructura para la comercialización, regulación de mercados concentrados y educación alimentaria y ambiental.
En este sentido, algunas iniciativas locales en Casilda y la región han impulsado espacios de articulación entre instituciones educativas como la Escuela Agrotécnica Libertador Gral. San Martín - UNR, organizaciones sociales y productores, promoviendo la formación en agroecología y la generación de redes territoriales que fortalecen la producción y el consumo de alimentos 4S.
El Estado tiene la obligación de respetar, proteger y hacer efectivo este derecho, promoviendo sistemas alimentarios que prioricen la vida por sobre la rentabilidad. Pero también es un proceso que involucra a la sociedad en su conjunto: productores, consumidores, organizaciones y comunidades.
Hacia un nuevo horizonte alimentario
La construcción de sistemas alimentarios basados en alimentos sanos, sabrosos, seguros y soberanos no es un proceso automático ni exento de tensiones. Implica disputar sentidos, transformar prácticas y reconfigurar relaciones de poder.
En un país que produce alimentos en abundancia, el desafío no consiste en producir más, implica producir de otra manera y para otros fines. Recuperar la alimentación como derecho y no como mercancía exige repensar el conjunto del sistema agroalimentario.
Estas experiencias, aunque aún incipientes frente al peso del modelo dominante, muestran que existen alternativas concretas en construcción, ancladas en los territorios y sostenidas por actores sociales locales.
En ese camino, los alimentos 4S no son solo una consigna: son una síntesis de un proyecto que busca garantizar que lo que llega a la mesa de nuestro pueblo no dependa de la lógica del mercado, sino de una decisión colectiva orientada a sostener la vida.
Alexander Wagner es Estudiante de la Tecnicatura de Producción Agropecuaria E.A.C - (UNR)

